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Escrito por Congreso de los Pueblos Europa

  

“Si no tiemblas al cruzar una frontera,

no es una frontera lo que has cruzado”.

Athena Farrokzhad

 

Muchas personas colombianas se han visto obligadas a cruzar una y varias fronteras en busca de refugio para proteger la vida, en busca de oportunidades, de una vida digna. Durante 52 años de conflicto armado entre el Estado colombiano y las guerrillas la diáspora colombiana mudó de características, de ser una migración de la clase dominante que salían a estudiar para regresar a mandar, la diáspora se ha tornado en estos años de guerra en un creciente grupo diverso de víctimas directas e indirectas del conflicto. Esta población necesita tener una voz protagónica y decisoria en el Gran Diálogo Nacional que se avecina para participar como sociedad civil en el marco de las conversaciones entre el ELN y el Gobierno Colombiano.

Como Congreso de los Pueblos Europa, agrupamos a una parte de esa diáspora que se identifica con

ideales   de   construcción   de   una   voz   antihegemónica,   desde   abajo.   Es   nuestro   sentir,   que   los   y   las migrantes y la población en exilio colombianas tenemos importantes aportes que hacer al país que dejamos y a contribuir a una visión integral y transnacional de la paz. En una Europa que hoy le cierra la puerta a   migrantes   procedentes   de   los   pueblos   que   ellos   mismos   bombardean,   donde   la dignidad humana está siendo agredida y el derecho al asilo es violado por la Unión Europea que prefiere pagar millones de euros para detener a los y las migrantes a las afueras de la Unión en situaciones extremas, la comunidad colombiana está emergiendo como voces diaspóricas que quieren contribuir con la paz en su lugar de origen y formular exigencias en los países de destino frente a los derechos de los migrantes refugiados/as. Para nosotros la paz, en cuanto personas migradas, es un proceso de debe garantizar la dignidad   humana   y   derechos   en   un   espacio   transnacional,   porque   es   en   la   migración,   en   la transfronterización en la que nos hemos visto obligadas a construir nuestras vidas.

Creemos que la participación debe ser un proceso sostenido en el tiempo, diferencial y territorial y no un asunto de eventos y marketing que legitiman discursos que hacen de la población emigrada y en exilio víctimas pasivas. En la participación que nos imaginamos queremos ser sujetos y no objetos políticos.

Para eso es necesario que la participación se dé desde espacios construidos por la comunidad misma

teniendo en cuenta las limitaciones que nos han colocado el Estado colombiano y la discriminación y el racismo institucional de los Estados europeos, que limitan nuestra movilidad y el acceso a derechos a viajar, residir y decidir. La participación debe formular propuestas para evitar que la migración siga siendo forzada y bajo condiciones y contextos que atentan contra la dignidad humana. En nuestra opinión, la comunidad colombiana que a diario enfrenta la discriminación y exclusión de los derechos políticos, económicos y culturales, necesita una paz con propuestas concretas y realizables que se den a partir de un diálogo continuado. Abogamos así por una voz autónoma, diversa y anti-patriarcal del exilio y la migración colombiana en la construcción de la paz y en la lucha por derechos sociales, políticos, económicos,   laborales,   culturales   y   de   residencia   en   los   países   de   destino,   en   donde   exigimos corresponsabilidad a los Estados y a las instituciones   multilaterales responsables de las crisis de los países del Sur.

 

En los próximos días haremos llegar a la mesa un proyecto detallado para la participación de la diáspora.

 

 

Con ánimos de participar para decidir,

 

Congreso de los Pueblos – Europa