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La visita del Papa es un hecho trascendental para este momento que vive el país. Su sola presencia traerá esperanzas, su aliento nos dará coraje, la memoria nos predispondrá a todos a honrar a las víctimas y encontrar una salida política al conflicto para construir un país con Justicia Social.

 

 

[Editorial N.597 / Revista Insurrección]

 

“Una Colombia en Paz debe tener memoria, coraje y esperanza”. Las palabras pertenecen a Francisco, fueron dichas en el marco de un encuentro mundial de la juventud y son una guía para que nos animemos a construir un futuro de justicia e igualdad.

 

Podemos elevar la mirada y ver más allá de nuestro país. El Papa brega por la paz de Colombia con tanto afán como lo hace por la paz en cada rincón del planeta. Hay una concepción de fondo que, aunque no es novedosa, se vio reactualizada por el papado de Francisco: la doctrina social de la Iglesia, la opción preferencial por los pobres, expresan un paradigma de justicia e igualdad. La encíclica “Laudato Sí” que predica Francisco, con sus críticas al capitalismo, es para los pueblos del mundo una guía de esperanza, como en su momento lo fue la figura histórica de Jesús. En ese camino se inscriben referentes éticos, humanistas y revolucionarios de la Iglesia como los monseñores Romero, Proaño y Angelelli, los curas que acompañan a los pobres en comunidades golpeadas por la guerra y en las barriadas populares marcadas por la exclusión o, sin ir más lejos, nuestro querido Camilo Torres Restrepo, tal vez el símbolo más puro de compromiso con la liberación que ha parido nuestra época.

 

Esa Iglesia misional, más cercana a los desvalidos y humillados que pregona Francisco encuentra, sin embargo, a sus contradictores que prefieren que nada cambie.

Colombia sabe de eso. ¡Cuánto tienen que temer al mensaje de Francisco los corruptos de este país! ¡O quienes han sostenido por décadas un sistema de explotación y opresión de los pobres! Son ellos quienes deben mostrarse preocupados por la visita del Papa, que los deja expuestos con su solo mensaje de justicia. “Cristo habló de una sociedad donde los pobres, los débiles y los marginados sean quienes decidan”, afirmó Francisco, desafiando a los poderosos.

 

VERDAD TODA, VERDAD TODOS

Todavía falta, estamos en camino, pero falta. Colombia sigue siendo un país dividido, incluso la Iglesia está dividida. La penosa realidad que expresó el resultado del Plebiscito de octubre del año pasado es muestra de ello.

 

Las décadas de conflicto que signan nuestra historia están marcadas dramáticamente por esa división. La guerra ha sido un escenario donde esas confrontaciones se profundizaron, sin escatimar situaciones trágicas, que hoy las y los colombianos buscamos superar. Cómo comprender si no las masacres, el genocidio, la persecución, las desapariciones forzadas, prácticas sistemáticas que el propio régimen alimentó.

 

Las beatificaciones anunciadas durante la presencia de Francisco en el país reflejan esa tragedia.

 

Por un lado, el “cura de Armero”, Pedro María Ramírez Ramos, recibió serios cuestionamientos ya que su muerte no habría sido un martirio cristiano, sino resultado de un contexto de odios políticos entre liberales y conservadores, de los cuales el propio sacerdote no habría estado exento.

 

Por otro lado, la beatificación de monseñor Jesús Jaramillo Monsalve toca especialmente a nuestra Organización. Hemos aclarado en su momento, y hemos repetido durante estas semanas, que el ELN no avaló la decisión de haber causado su muerte. Aun así, siendo que ésta fue llevada a cabo por integrantes de esta Organización, nos corresponde la responsabilidad histórica de reconocer el hecho. En el marco de la visita de Su Santidad estamos dispuestos a pedir perdón por ello.

 

No somos los únicos, y eso es bueno. Por estos días se hará público un “pedido de perdón por la participación en la violencia que viene del pasado”, que suscriben en nombre de la Iglesia más de mil referentes crisitanos, sacerdotes y laicos de todo el país.

 

La visita de Francisco a Colombia es una oportunidad para reafirmar las esperanzas de reconciliación. Para ello, todos los colombianos debemos asumir nuestras responsabilidades y muestro compromiso para que hechos semejantes no vuelvan a ocurrir. “Verdad toda, verdad todos” es un principio que debe guiar las esperanzas de paz y de reparación de las víctimas. Asumimos ese compromiso.

 

Por último, queremos referirnos a los esfuerzos volcados en el último tiempo a consensuar con el Gobierno un Cese Al Fuego Bilateral. Hemos dicho que la visita del Papa Francisco debía ser una motivación extra para acelerar la búsqueda de acuerdos, que tienen como principales destinatarios a las comunidades que padecen las consecuencias lamentables del conflicto.

 

Pasados los días de celebración que acompañen la presencia de Francisco en Colombia, seguiremos empeñados avanzar hacia el desescalamiento del conflicto, hasta que la Paz Completa sea una realidad.