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La agenda de Diálogos para la paz de Colombia acordó como propósito pedagógico “la incidencia de la mesa en la transformación del conflicto armado”, eso quiere decir, que a medida que se avanza en acuerdos de los puntos de la agenda, se vaya bajando la intensidad del conflicto, pactando limitación de las acciones ofensivas entre las partes y medidas que frenen la violencia política contra las comunidades, sus líderes y los defensores de derechos humanos.

 

El Acuerdo del 30 de marzo de 2016, orienta que las “conversaciones en la fase pública se desarrollarán en el orden de la agenda”, sin embargo, para propiciar acuerdos humanitarios paralelos al avance de los puntos de la agenda, las partes acordaron, el 11 de octubre de 2016, abordar el punto 1 de la agenda, el de participación de la sociedad en la construcción de la paz, simultáneamente con el subpunto referido a las acciones y dinámicas humanitarias, para lo cual el primer ciclo de conversaciones estableció la submesa de “acciones y dinámicas humanitarias”. El propósito de lo pactado es que a medida que se avance en acuerdos de los puntos básicos de la agenda, se vayan tratando acciones y dinámicas que contribuyan a bajar la intensidad del conflicto, generando hechos ciertos de paz.

 

El acuerdo del cese al fuego bilateral temporal y nacional (CFBTN), fue el primer logro implementado de “las acciones y dinámicas humanitarias”, y tuvo como fin primordial “mejorar la situación humanitaria de la población, suspender acciones ofensivas y evitar incidentes armados entre la fuerza pública y el ELN.” El CFBTN significó un paso importante de la mesa de conversaciones, aunque como primera experiencia del proceso quedó con ambigüedades en el diseño del acuerdo y sus protocolos, lo cual, junto a las dificultades prácticas de ejecución, lo llevaron a una crisis.

 

Al no producirse choques armados durante los 101 días del CFBTN, hubo una leve mejora en la situación humanitaria en las regiones. Pero las comunidades continuaron vulnerables, dado que crecieron las amenazas y asesinatos contra los líderes populares; además la misma fuerza pública actuó con métodos de guerra contra protestas sociales, asesinando e hiriendo a decenas de civiles, incumpliendo y violando el acuerdo del CFBTN, generando con ello incredulidad en la efectividad del CFBTN en las comunidades y líderes.

 

Durante el CFBTN la fuerza pública, utilizando como pretexto “cumplir la constitución y la ley”, pasando por encima del acuerdo de no realizar acciones ofensivas entre las partes, atacó dos campamentos, e hizo un despliegue militar de copamiento de lugares donde permanece el ELN, obteniendo ventajas militares y causando sobresfuerzos operativos para evitar incidentes armados. Sobre estos hechos el gobierno no los reconoce como violatorios del CFBTN, reiterando que los continuaría haciendo y negándose a tratarlos en el Mecanismo de Veeduría y Verificación (MV&V).

 

EL MV&V, acordado para certificar el cumplimiento del CFBTN, fue conformado por 4 componentes, la Misión de verificación de la ONU, el ELN, el Gobierno y la Iglesia Católica; su objetivo fue prevenir e informar incidentes, verificándolos y calificándolos por consenso. Los representantes del gobierno, desde el primer mes del CFBTN, se tomaron el derecho de definir y actuar sobre supuestos incidentes, sin informar al MV&V, erigiéndose en juez y parte, hecho que generó crisis en el MV&V.

 

Para superar esta crisis la mesa de conversaciones en su cuarto ciclo buscó concertar mayor precisión al acuerdo y protocolos del CFBTN, sin lograrlo; por ello asignó esa tarea a una Mesa Transitoria, la cual sesionó del 5 al 12 de diciembre, sin llegar a un acuerdo satisfactorio. El gobierno se ratificó como juez y parte, sustrayendo e invalidando el MV&V, por lo cual el ELN se retiró de éste, dejado constancia ante la ONU, la Conferencia Episcopal y los países garantes, que aun en esas condiciones cumpliría el acuerdo de CFBTN hasta el 9 de enero, pero no era viable su prórroga.

 

Al no existir prórroga del CFBTN, hay que recordar que el ELN no rompió el acuerdo, y que el estado de beligerancia a partir del 10 de enero, no sólo es producto de las acciones de rebelión del ELN, sino respuesta de resistencia a las amenazas, ya que desde la última semana de diciembre el gobierno generó disposiciones operacionales y declaraciones públicas, que incrementaron la tensión y los incidentes. El ministro de defensa, los altos mandos de las FFMM e incluso el Presidente, anunciaron atacar con contundencia al ELN, publicitando con alborozo las  nuevas fuerzas de tarea y batallones desplegados en las regiones donde opera el ELN.

 

Para encontrar salidas a las graves dificultades que hubo durante el CFBTN, retomar el camino de acuerdos bilaterales y bajar la intensidad del conflicto, es necesario evaluar las falencias del anterior CFBTN, partiendo de que temas importantes y de compleja solución se aclaran y abordan responsablemente en la mesa de conversaciones.

 

Nuestra Delegación está en Quito en el propósito de dar curso al Dialogo Nacional y simultáneamente pactar un nuevo Cese Bilateral al Fuego de mayor alcance, que el que terminó el 9 de enero.